benja con las vacas - sin texto

La convergencia entre la lectura del ADN bovino y el conocimiento tradicional reconfigura las decisiones productivas en los rodeos argentinos.

En las pampas donde la ganadería moldeó el paisaje y la identidad nacional, el ojo del criador ha sido, por generaciones, el supremo tribunal para definir el destino del rodeo. Sin embargo, la intuición acumulada tras décadas de polvaredas y mangueras encuentra hoy un aliado inédito en la precisión del código genético. La irrupción de plataformas como Bulltrack expone esa fértil tensión entre la tradición empírica y la objetividad biológica, permitiendo que la biotecnología dialogue directamente con la rentabilidad del establecimiento.

“Muchas veces el productor elige toros y vacas a ojo, pero hay características que no se pueden ver mirando al animal. La genética permite conocer información vinculada, por ejemplo, con la eficiencia de conversión, la facilidad de parto o determinadas características de la carne”, explica Santiago Scanlan, gerente de operaciones.

A partir de una simple muestra de pelo procesada genómicamente, el dato abstracto cobra sentido pragmático al transformarse en índices de conversión alimenticia, facilidad de parto o calidad de res. En un negocio condicionado por los ciclos biológicos y los márgenes financieros, la selección objetiva no busca reemplazar la sabiduría ancestral de quien camina el campo, sino dotarla de un microscopio analítico. De este modo, la genómica deja de ser una abstracción de laboratorio reservada a unos pocos cabañeros para asentarse como una herramienta cotidiana de gestión.

La muestra, que es analizada genómicamente mediante Inherit, de Zoetis, una avanzada herramienta de evaluación y prueba genómica diseñada para la industria de ganado bovino de carne comercial avanzada. Bulltrack toma posteriormente esa información y la analiza con una app que rankea los animales según los objetivos de cada establecimiento.

“Un animal puede ser visualmente excelente, pero malo desde el punto de vista genético para el objetivo que tiene un productor. Incorporar datos permite sumar una herramienta objetiva a la experiencia que ya existe en el campo”, sostiene Scanlan.

La ganadería argentina transita así una sutil metamorfosis. La eficiencia productiva medida en kilos por hectárea ya no depende únicamente del pasto o del clima, sino de la capacidad de descifrar aquello que la vista no alcanza a ponderar. En este cruce entre el legado familiar y el algoritmo, el campo argentino reafirma su vocación de vanguardia, demostrando que la innovación más profunda es aquella que honra la raíz al tiempo que transforma el futuro.

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